El silbo apacible...
- bolfrangodoy
- 21 may 2022
- 13 Min. de lectura
Actualizado: 17 may 2023

El tiempo pasa muy rápido, en un abrir y cerrar de ojos muchas cosas han cambiado en nuestra vida. Cada día la incertidumbre se va acrecentando, nuestra fe ya no es la misma. Nuestras convicciones se han fracturado. ¿Qué le ha pasado a las buenas nuevas de Dios? Ahora todo es repetitivo, un sistema que nos mantiene presos en cuatro paredes. El 2020 fue un año que para muchos no existió, un año muy revelador del cual empezamos a entender nuevas cosas y por supuesto a las personas. Una frase en la cual podría definir el 2020 sería “la presión revela el corazón”, absolutamente todos fuimos probados ese año, y desde esa etapa las circunstancias cambiaron. La dirección de nuestro corazón revelo lo que éramos, no lo que suponíamos ser. Y he aquí el meollo del asunto. Siempre hacemos hipérboles sensacionalistas cuando en nuestra vida cristiana todo está bien; cuando tenemos una buena relación con Dios, cuando asistimos a la iglesia para llenarnos más y recibir de la palabra, cuando la economía de tu casa está en el mejor momento, cuando tu vida universitaria está dando los resultados de tanto esfuerzo en tu vida. Todos, absolutamente todos en ese preciso momento declaramos a los cuatro vientos que daríamos la vida por Cristo ¿pero en realidad nuestras convicciones siempre siguen estando firmes cuando el panorama se torna gris? Debemos entender algo muy esencial en la vida cristiana, que no siempre vamos a tener los mejores escenarios. Es importante que no anclemos nuestras convicciones a las emociones de los cambios de escenario que vamos a experimentar en la vida. Si nadie te lo había dicho hoy quiero aclarártelo, no siempre estarás bien. ¡Qué clase de cristiano dice esas palabras!, pero antes que me apedrees quiero decirte una cosa: Sé que estás cansado, agotado, incluso con muchas preguntas que respuestas y quiero que leas detenidamente este pequeño blog, del cual no pretendo explicar todas tus interrogantes, al contrario, estoy igual a ti, un poco desorientado, angustiado, viendo a mi alrededor y diciendo: YA NADA ES IGUAL…
Nosotros los cristianos somos expertos en esconder lo que realmente somos. Nos da miedo que las personas nos miren débiles y cansados, la autenticidad no es una práctica común en nuestra fe. Pero todos podemos cambiar, crecer y despertar en un nuevo lugar después de atravesar un largo camino de oscuridad de donde estábamos.
Este año nuevo que acabamos de celebrar 2022, como todas las personas, siempre nos ponemos metas y objetivos, a largo y mediano plazo. Yo siempre tengo la costumbre de pedirle una palabra Dios, donde sea el punto de partida, y que esa palabra sea un mapa en el cual pueda avanzar hasta el tesoro de su propósito de lo que Él desea este año para mí. Debo de admitirlo, este año que paso fue un año muy duro, y sé que para muchas personas también lo fue. Esta ardua carrera de la fe a veces nos deja exhaustos, de lo cual muchos de nosotros necesitamos ese respiro. Muchos salimos sin ánimos de continuar la carrera, también me pesa decir que algunos desistieron de ella. Cada vez que me siento con un hermano o conocido de la iglesia siempre noto un alma cansada y angustiada. Y esto no es patrimonio de los jóvenes, sino que también adultos con el mismo cansancio espiritual. El primer culto del año en mi iglesia me senté en la parte trasera cerca del departamento de comunicaciones. Sintiéndome cansado y un tanto angustiado. Todos queremos empezar un año con la mejor actitud y con los ánimos elevados. Pero siendo sinceros ya no quería estar allí. Y fue en ese momento cuando Dios me llevo a un pasaje en la biblia, al principio no le entendí, solo lo anoté y en la noche en mi habitación me puse a estudiarlo.
Lo que Dios me enseño en ese momento en mi habitación fue tan sorprendente. Realmente sé lo que es estar cansado, y hacer lo mismo innumerables veces desgasta, y sobre todo cuando no vemos una relación entre nuestro esfuerzo y los resultados y precisamente eso es lo que les sucede a muchos cristianos. Su capacidad de resistencia es demasiado corta y entonces nunca se gradúan de lo que hacen y terminan rendidos. Algunos resisten ¡claro! pero viven agotados y con mucha frustración. Y la frustración espiritual aparece cuando hacemos cosas repetidas obteniendo los mismos resultados. Como dijo Albert Einstein “Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Me quede por unos minutos desorientado, viendo mi teléfono celular, pasando historias en las redes sociales en plena predica. ¡Sé que no fue correcto hacerlo! pero la mayoría de nosotros tenemos ese problema. Pero una pequeña distracción en mi teléfono me direccionó a una frase tan inspiradora que recorrió toda mi alma que decía lo siguiente: “No siempre siento su presencia. Pero las promesas de Dios no dependen de mis sentimientos; descansan en su Integridad” R.C. Sproul. Una palabra que tocó las fibras de mi corazón, mis lágrimas caían disimuladamente sobre mi rostro. Hay ocasiones donde no siento la presencia de Dios en mi vida, pero el hecho de que no la sienta no significa que no esté Él allí conmigo.
Dios en ese momento me estaba enseñando algo muy importante, fue cuando me dio una palabra del profeta Elías cuando venía de pelear con los profetas de Baal en el Monte Carmelo (ver 1 Reyes 18:20-40). Un hombre de Dios en el éxtasis de su ministerio, con la frente en alto y una confianza que desbordaban al compás de sus palabras. Me pongo a pensar en esta escena tan impresionante en el ministerio de Elías. Su confianza estaba al máximo y su fe era envidiable en ese momento, fue tanta la confianza en Dios que tuvo un momento cómico en esta batalla campal de la manifestación de Dios en el altar (1 Reyes 18:27). Definitivamente Elías conocía muy bien a Dios, estaba tan seguro de que Dios le respaldaría delante de las personas en ese momento ¡nada de qué preocuparse! esto para Elías era de costumbre. El modus operandi de Elías eran continuas manifestaciones de Dios en su vida, por ello se le considera el profeta de fuego y no por chiste como los profetas de Baal. En este momento todo resultaba bien, Elías gozaba de una temporada maravillosa con Dios.

Y hay momentos de subida en nuestro caminar con Dios, que todo resulta tan hermoso, tan pleno y gozoso, donde la mayoría de cosas te salen súper bien, donde tu fe no te abandona, donde tu pasión contagia a los demás, donde tu influencia se acrecienta, donde las palabras de tu boca tienen peso, donde sientes que Jesús se sienta siempre a lado tuyo en el lugar donde te encuentras, donde escuchar la voz de Dios se vuelve tan clara y sencilla de percibir. Donde la revelación es tan amplia y el conocimiento de Dios te atrapa y accedes a nuevas cosas. Como cristianos e hijos de Dios siempre hemos visto una cara de la moneda en este peregrinaje, donde la misma iglesia nos ha pintado el mejor óleo, con colores tan vívidos y alegres que pareciera una historia de superhéroes tratando de higienizar la palabra de Dios y ocultarte las partes oscuras y tenebrosas. Cuando me refiero a las partes oscuras de la biblia me gusta hacer una referencia analógica como la de un contrato en internet donde no leemos las letras pequeñas que dicen: “aplica restricciones” de lo cual es muy importante de leer, no podemos pasar en alto nada de la palabra de Dios y solo enmarcar en nuestras enseñanzas los escenarios más hermosos, pensando que nuestra fe se va a desarrollar por las mejores experiencias de los hombres de Dios a lo largo de la historia. Por mucho tiempo se ha hablado del Padre de la fe Abraham y no del incrédulo Abram, hemos escuchado del líder Moisés y no del indispuesto Moisés, se habla del Rey David y no del asesino y adultero David, hablamos de la sabiduría de Salomón, pero no de la idolatría de Salomón, admiramos la predicación de Pablo y no del compulsivo Saulo, y podría seguir enumerando más casos, pero dejémoslo hasta aquí.
Me pareciera que el mensaje perdedor no lo aprueba la iglesia de hoy en día, y definitivamente, ¡quién entra en una iglesia a escuchar un mensaje perdedor! Siempre en el púlpito o en el altar todo predicador va a declarar con vehemencia mensajes positivos donde todos somos ganadores. Donde todos somos ricos, donde todos somos justos, donde todos somos campeones, donde todos somos empoderados etc. En estos últimos cinco años no he escuchado un mensaje perdedor. No me malinterpretes, no es que quiero escuchar un mensaje perdedor, sino un mensaje realista dirigido aquellos que se han sentido derrotados o derrumbados por la vida, aquellos que están en un valle de sombra y de muerte como el rey David (ver Salmos 23:4). Y sé que te está girando la cabeza y estarás pensando qué clase de herejía estoy diciendo; pero déjame terminar. Este mensaje es dirigido a los perdedores, aquellos que necesitamos la gracia de Dios para salir de ese hoyo o hueco espiritual en el que estamos o en el que posiblemente experimentemos en un futuro. Retomando el versículo que me dio Dios sobre el escenario del profeta Elías y los profetas de Baal, estamos claro que Elías salió victorioso y que realizó una gran hazaña en ese momento y también oro por lluvia y la mano de Jehová estaba con él.

Pero realmente no me quiero centrar en la victoria de Elías, como mencione anteriormente, higienizamos la palabra de Dios y siempre buscamos el mensaje ganador. Esta vez haremos un cambio de escenario a un ambiente donde Elías estaba en la cumbre de su ministerio y repentinamente se encuentra en picada después de este suceso impactante de la manifestación de Dios en el monte Carmelo. Notemos que este cambio de escenario ocurre en cuestiones de minutos después de una gran victoria (ver 1 Reyes 18: 38-40) Seis versículos después Elías recibe una amenaza de muerte por parte de un mensajero enviado por Jezabel, una amenaza directa de muerte al profeta de fuego (ver 1 Reyes 19: 1-2) Me parece curioso que al momento de recibir el mensaje amenazador Elías adopta una posición de miedo, donde inmediatamente huye de la escena victoriosa que acababa de recibir de parte de Dios. Y no solo eso, sino que fue testigo de una de las manifestaciones tangibles de Dios. Podemos observar una ruleta de emociones por parte de Elías, acababa de ser respaldado por Dios y a la vez adopto incertidumbre y miedo que tuvo que huir de la escena gloriosa de Dios. ¿Quién huye de un lugar donde Dios se acababa de manifestar? ¿Quién tiene incertidumbre después de recibir un milagro? ¿Quién sale con miedo de la iglesia después de escuchar un mensaje de fe? ¿a quién se le apaga la pasión después de recibir el fuego de Dios? ¿a quién se le desvanece la influencia después de predicarles con demostración y poder a cientos de personas? ¿Quién se siente triste después de haber pasado por un momento feliz? Esto me deja claro que Elías tuvo un momento vulnerable del cual le hizo huir.
Elías no corrió a la presencia de Dios, su camino de un día lo hizo a través de un desierto donde se sentó en un árbol a tomar sombra por su largo rato. Exhausto decidió tomar un respiro, angustiado y preocupado las palabras que salían de la boca eran: ¡Basta ya, oh Jehová, quítame la vida…! (ver 1 Reyes 19:4-7) Su temor iba creciendo y su fe se iba desvaneciendo. Elías se durmió y luego un ángel le toco para alimentarlo. Esto sucedió dos veces y me parece curioso el trato de Dios con Elías, un hombre cansado y angustiado, y lo primero que Dios hace es alimentarlo ¡DIOS NO LE EXIGIO NI MUCHO MENOS LE DIO UNA PALABRA! Simplemente mando un ángel para darle comer para que recobrara energías “Dios le mando un cocinero” eso es un gran detalle. Creo que todo cristiano cuando está en un punto de quebrantamiento o en una situación muy compleja debe aprender a descansar en Dios; y esto definitivamente no debe ser negociable. Y al referirse a descansar con Dios como de costumbre tienen los fanáticos religiosos no es simplemente entrar a la presencia de Dios. ¡Literal! Debes acostarte, tomarte tu tiempo, darte tu espacio, refrescar tu mente y despejarla, alejarte a lugares donde no haya mucho ruido, respirar aire puro y sobre todo desintoxicar nuestra alma. Lo que diré ahorita va a producir urticaria en los religiosos: a veces te tienes que apartarte de la iglesia e irte a lugares donde te puedas renovar. Jesús en ocasiones se alejaba de las personas y de los discípulos a orar en lugares solos (ver Lucas 5:16).
En varias ocasiones he hecho una pequeña prueba para evaluar cuál sería el lugar más relajante y donde te pudieras concentrar mejor, aproximadamente el 99.9% se imaginaron los siguientes lugares:
· Una casa en medio de un bosque
· Una pradera
· Un lago
· La habitación de mi casa
· El mar
· Una montaña
Esta prueba consistía en cerrar los ojos e imaginarte el lugar más relajante en el cual te podrías concentrar mejor, una vez abriendo los ojos las preguntas eran asombrosas, pero lo que más me llamo la atención fue que ninguno menciono la iglesia. Una dinámica tan simple que refleja la naturaleza de las iglesias a las que asistimos. Las iglesias hoy en día no son los lugares donde podemos echar nuestras cargas, donde no podemos ir a dejar nuestros problemas y liberarnos. La iglesia por decirlo así es el último lugar en el cual pensaríamos en ir a relajarnos o descansar ¿Por qué? Creo que las iglesias han caído en mucho activismo espiritual y como resultado desgasta a los servidores. El sobrecargar a las personas de tareas o asignaciones ministeriales puede producir un agotamiento a largo plazo sino se toma en cuenta un correcto cuidado pastoral para hacer descansar a las ovejas exhaustas.
Dios al ver el cansancio de Elías no le asigno otra tarea de profeta, al contrario, se tomó su

tiempo con él y lo alimentó hasta que recobrara las energías para seguir el camino (ver 1 Reyes 19:8). Cuando tu no descansas te desgastas. Y el activismo espiritual crea en nuestro inconsciente colectivo la necesidad de estar sirviendo sin parar, pensando que le hacemos un favor al Reino y a Dios en poner en marcha su obra. El activismo ministerial no es sinónimo de conmover el corazón de Dios; cuando tu sirves sin un sentido de propósito realmente puedes caer en un error muy grave en poner tus obras antes que tu corazón, esto mismo le paso a la iglesia de Éfeso (ver Apocalipsis 2:1-4). Nos volvemos como robots en nuestro ministerio y automáticamente nos autoreprogramamos para saciar nuestra conciencia. Y pensamos que la actividad es una señal saludable en nuestra vida espiritual, John C. Maxwell dijo: “La actividad no es sinónimo de productividad” el hecho de estar todos los días en la iglesia no te hace una persona productiva, lo que realmente determina la productividad son tus resultados. Hemos escuchado un sinfín de predicas de como orar, de cómo interceder, de cómo ayunar, de cómo ofrendar, de cómo diezmar, de cómo ser perseverantes, pero es raro escuchar una enseñanza de como descansar. Y como consecuencia hay mucho agotamiento espiritual, recordemos que somos más vulnerables cuando estamos cansados.
Elías sigue su camino después de recobrar sus fuerzas, un largo viaje de cuarenta días a Horeb el monte de Dios. Nuevamente Elías vuelve a recibir un ataque de depresión y se esconde en una cueva, realmente el profeta de fuego ahora era un hombre común y corriente (ver 1 Reyes 19:9-10). Como cristianos debemos saber que somos seres humanos de carne y hueso, con debilidades y necesidades. La unción de Elías había desaparecido, pero muy dentro de él su celo por Dios había aparecido. Tenía celo por Dios, pero no unción; y eso le basto al Padre para que avivara su fuego y restauraba su pasión. Vemos que Dios le invita al monte Horeb y Elías percibe con familiaridad tres factores muy cercanos a su persona (viento fuerte, terremoto y fuego). Un profeta acostumbrado a las manifestaciones de Dios a través de estos factores tan estruendosos, pero Dios no se encontraba en ellas (ver 1 Reyes 19:11-12). Dios apareció en el elemento más dulce para Elías “un silbo apacible” un viento tan delicado que se paseaba en el oído de Elías. Dios fue tan magnifico con el cuidado que le tuvo a este hombre en este proceso; le envió un ángel para que le cocinara dos veces, lo dejaba descansar y en pequeños momentos se le acercaba a Elías para preguntarle cómo estaba. Al finalizar Dios hizo una clara señal de cómo estaba el alma de Elías, un hombre que estaba en depresión, con ansías de morirse, recordando los sucesos en el Monte Carmelo. Me imagino Elías lo que pasaba por su mente después de haber hecho tal cosa cuando levanto el altar; un altar donde el viento recio de Dios hizo mover las nubes y oscurecer el cielo, un temblor que sacudió el altar para la llegada de un milagro y una línea de fuego que decencia del cielo directo al altar. Los mismos elementos en los cuales Dios se manifestó en el Monte Carmelo los utilizó en el Monte Horeb. El Padre no se acercó a Elías violentamente sino apaciblemente por el estado de su corazón.
Elías buscaba entre el viento recio, entre el sacudimiento y el fuego consumidor a Dios. Pero no lo encontró porque su alma estaba angustiada. Dios se le revelo de una manera a Elías para hacerle entender que Él era más que todas esas manifestaciones violentas. Cuando estás acostumbrado a buscar de una manera a Dios es más difícil percibirlo en otra frecuencia. A veces resulta más fácil percibir a Dios cuando nuestros canales espirituales están alineados con Él, cuando estamos en constante oración, cuando el ayuno es un estilo de vida y la adoración es nuestro hogar. Pero resulta más difícil entender o escuchar a Dios cuando nuestros canales mueren por un escenario ajeno al que de costumbre estamos. Elías estaba en una batalla campal con los profetas de Baal; muy concentrado pero un proyectil le dio en su armadura golpeando su fe con una amenaza de muerte. Lo mismo pasa cuando hay batallas o procesos grandes en nuestra vida cristiana, el escuchar la voz de Dios se vuelve tan difícil por elementos en el ambiente que puedan causar interferencia o daños a nuestro sistema espiritual. Al dañarse la fe de Elías hubo una desorientación espiritual que le hizo terminar en un desierto y después en una cueva. Dios debía buscar la manera de levantar a Elías, pero su alma estaba muy delicada y debía acercarse de una manera delicada para tratar con él.
Al final de escuchar el “silbo apacible” queda muy claro que Elías no estaba escuchando bien la voz de Dios, al tratar con delicadeza su alma Elías vuelve a percibir a Dios y se postra al suelo cubriendo su rostro. Esto me lleva a un pasaje bíblico en Lucas 15:1-7 sobre la oveja perdida. Me gusta la parte en este versículo cuando dice: “… ¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las otras noventa y nueve en el campo y va en busca de la oveja perdida, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, contento la pone sobre sus hombros…” Me hace imaginarme a Dios después de encontrar a Elías en el desierto y cuidarlo por todo el camino y ponerlo en su espalda y traerlo de regreso muy feliz y contento de saber que su pequeño profeta ya está mejor. Así es Dios con nosotros, siempre buscara la manera de encontrarnos y de encontrar la forma para llamarnos para cargar con nosotros cuando nos sentimos angustiados y solos. Cuando estés angustiado no busques a Dios en el estruendo sino en el silencio.





Palabras llenas de verdad, aprendemos muy poco sobre nuestras propias emociones y cuando nos sentimos mal, nos sentimos peor por sentirnos mal… Pero muy buen texto que nos enseña y resume a descansar y confiar en Dios, siga adelante Bolly 👏🏻
Sabe le digo al Mentor yo así me he sentido así cargado espiritualmente y cansado pues busco así formas de crecer pero ya no funcionan las mismas y ahorita he estado en esta transición de buscar nuevas maneras de crecer espiritualmente y claro en los demás ámbitos. Porque en ocasiones pasamos afanados también en el ministerio y descuidamos lo que Dios nos quiere hablar.
Un mensjae que llega en el momento correcto a mi vida, senti a Dios explicandome y hablandome con ese silbo apacible, me encanto, gracias💕
He sido impactado con este mensaje y ha dejado claro algunas dudas que teníasobre lo que Dios hace cuando somos probados y pasados por el fuego.